Madrid, 1 de marzo (Ibercine).- Los cines españoles acogen desde el viernes pasado en su cartelera la elogiada internacionalmente “Érase una vez en Venezuela. Congo Mirador”, un documental sobre la vida cotidiana de los habitantes de Congo Mirador, un pueblo venezolano de casas flotantes, metáfora, botón de muestra, retrato y reflejo de la situación y de la polarización de la Venezuela actual, candidata venezolana a los Premios Óscar de este año.

La corrupción, la compra de votos, la contaminación, la pobreza, el enfrentamiento social son algunos de los temas que aparecen en el documental dirigido por Anabel Rodríguez Ríos sobre el poblado ubicado en una de las zonas petroleras más ricas de Venezuela, pero que se ve afectado por la despoblación derivada del efecto de las cada vez más difíciles condiciones de vida y de la sedimentación de sus casas causada por el cambio climático.

En la cotidianidad de los habitantes del pueblo flotante, descrita con una impactante fotografía por momentos, dos personajes emergen sobre los demás y muestran la polarización social de la comunidad y del país: la señora Tamara, representante del partido en el pueblo, y Natalie, la profesora, contraria al poder.

“Vi la situación de que además de que el pueblo se está sedimentando, que la gente está polarizada, dividida (…) este tema de la polarización ha quebrado familias, la sociedad completa, eso a mi me interesaba” declaró Anabel Rodríguez en entrevista con Ibercine en Málaga, sobre el documental en el que invirtió siete años.

La corrupción política planea sobre la cinta que muestra explícitamente la compra de votos durante una campaña electoral, algo que según la directora venezolana, en vez de generar rechazo se ha convertido en un valor en su país.

“La corrupción y la compra de votos son muy comunes en el mundo entero pero muy evidentes en el caso del Congo y en particular en esta circunstancia de la película se muestran un poco como signos de poder, como algo que mostraba un valor” comentó la directora, que firma con “Érase una vez en Venezuela”, su primer largometraje documental.

“Allí hallo lo más conmovedor y es ver como la corrupción se ha vuelto socialmente en Venezuela un valor. Y eso es uno de los grandes daños que nos quedan después de este proceso de más de 20 años y uno de los grandes problemas que nos queda por resolver” añadió Rodríguez.

“Si tu eres el pillo, el que compra los votos, tu eres el chévere y si además tienes armas, eres lo mejor” describió Rodríguez sobre la situación que la inspiró para filmar su documental que desarrolló “usando el estilo del cinema verité”.

Por indignación, la directora confesó que, en los tres primeros años de grabación, que comenzó en 2008, trabajó “a partir de la rabia, de la frustración, del querer cambiar el sistema de algún modo y de querer evidenciar que estamos aplastados bajo un populismo. Ese fue el motor por mucho tiempo”.

“Hasta la edición quería perfilarlo quizás más militante” pero todo cambió en “el diálogo con el productor y editor austriaco” que le ayudó a matizar el tono del documental que Venezuela presentó a la edición de este año del Oscar de Hollywood.

El documental sí tiene una pretensión no obstante de generar conciencia sin atizar a los polos opuestos políticamente reconoció la realizadora.

“La intención es mover la conciencia de nosotros. El que es fanático posiblemente se moleste pero quizás con eso, la mano con la que fuimos tratando la película, en la que mi intención no es dar con el dedo en la llaga para que te radicalices más, quizás podemos ver lo ridículo que puede ser y lo dañino, porque estás ocupando tu mente y tu espacio mientras lo fundamental se está destruyendo más en ese sentido. Yo quisiera que fuera la reflexión” explicó.

La película que ahora se estrena en cines de España inició su recorrido en el país y en Europa en el Festival de Málaga del año pasado y ha tenido un amplio recorrido por certámenes de todo el mundo, una andadura que inició en el Festival de Sundance a principios del año pasado.

Tanto de forma presencial como “on line” debido a la pandemia ha sido exhibida en cincuenta festivales de todo el mundo de Perú, Colombia, Estados Unidos, Israel y Holanda, entre muchos otros y por supuesto, de Venezuela.